Artículo · Serie «Las piedras claman» · Capítulo 1
La piedra de Pilato: el gobernador que juzgó a Yeshua, confirmado en piedra
El hombre que solo existía en papel
De Poncio Pilato sabíamos mucho, pero solo por escrito. Los Evangelios lo presentan gobernando Judea cuando Yeshua fue juzgado. El historiador Josefo y el filósofo Filón cuentan sus choques con el pueblo judío, y el romano Tácito lo menciona desde la capital del imperio. Pero en casi dos mil años no había aparecido ni una moneda, ni una inscripción, ni una sola piedra con su nombre. Y algunos críticos llegaron a preguntarlo en voz alta: ¿existió realmente, o fue solo un personaje de los relatos?
El hallazgo de 1961
En 1961, una misión arqueológica italiana dirigida por Antonio Frova excavaba el teatro romano de Cesarea Marítima, la ciudad portuaria que Herodes había levantado junto al mar. Allí, reutilizado como escalón de una escalera, apareció un bloque de piedra caliza con letras latinas ya gastadas. Siglos atrás, alguien lo había aprovechado como simple material de construcción, sin saber lo que guardaba. Al limpiarlo, los arqueólogos leyeron un nombre que hizo historia. Hoy el bloque original se guarda en el Museo de Israel, en Jerusalén, y una copia permanece en Cesarea.
Lo que dice la piedra
La inscripción está incompleta, y los especialistas marcan con corchetes lo que el tiempo borró. En ella, Pilato dedica un edificio llamado Tiberiéum, en honor del emperador Tiberio, y firma con su nombre: [PO]NTIUS PILATUS — Poncio Pilato. Y fíjate bien en su título: [PRAEF]ECTUS IUDA[EA]E, prefecto de Judea. Tácito, que escribió años después, lo llamó procurador; pero la piedra, grabada en su propio tiempo, dice prefecto: el detalle exacto, dicho en el momento exacto. Pilato gobernó Judea del año 26 al 36 de nuestra era: exactamente los años en los que ocurrieron los hechos de los Evangelios.
El prefecto de los Evangelios
El hombre de la piedra es el mismo de las páginas de Mateo y de Juan. Lucas lo ubica con precisión de historiador: «en el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea» (Lucas 3:1). Él interrogó a Yeshua en el pretorio. Él lo presentó a la multitud diciendo: «He aquí el hombre» (Juan 19:5). Y él, lavándose las manos delante de todos, intentó declararse inocente (Mateo 27:24). Fue Pilato quien mandó poner sobre la cruz el título «Jesús Nazareno, Rey de los Judíos», y cuando le pidieron cambiarlo respondió con una frase que quedó para siempre: «Lo que he escrito, he escrito» (Juan 19:22). Su nombre quedó grabado en una piedra de Cesarea… y también en el Credo que la iglesia sigue confesando hasta hoy: «padeció bajo el poder de Poncio Pilato».
La fe no le teme a la arqueología
Hay que decirlo con rigor: la piedra de Cesarea no menciona a Yeshua, y no lo necesita. Lo que hace es confirmar el mundo real en el que ocurrieron los Evangelios, con su gobernador real, su título real y su época real. Cada piedra que aparece y se lee con honestidad nos recuerda que el relato bíblico camina sobre tierra firme: sobre historia verdadera. Por eso, la fe no le teme a la arqueología.
Este artículo acompaña al Capítulo 1 de la serie «Las piedras claman», «La piedra de Pilato». Míralo completo y gratuito en YouTube.
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