Artículo · Documental 9
Hechos 10: la visión que no era de comida
Un centurión romano en Cesarea y un apóstol en Jope: entre los dos, una visión que muchos han entendido como un cambio de menú… pero cuyo verdadero tema era otro. La visión de Hechos 10 no trataba de comida: trataba de personas. Fue la señal de largada para que el evangelio saliera hacia las naciones — y llegara hasta nosotros.
La visión en la azotea
En Jope, ciudad portuaria junto al mar, el apóstol Pedro se hospedaba en casa de Simón el curtidor. Cerca del mediodía, a la hora sexta, subió a la azotea a orar (Hechos 10:9). En un éxtasis vio el cielo abierto y algo que descendía como un gran lienzo, sostenido por las cuatro puntas. Dentro había cuadrúpedos de la tierra, reptiles y aves del cielo. Y una voz le dijo: «Levántate, Pedro, mata y come».
Pedro respondió: «Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás». Y la voz insistió: «Lo que Dios limpió, no lo llames tú común». Esto se repitió tres veces, y el lienzo fue recogido al cielo (Hechos 10:11-16).
«No lo llames inmundo»
Pedro quedó perplejo, preguntándose dentro de sí qué significaría la visión que había visto (Hechos 10:17). La respuesta no llegó en el lienzo, sino en la casa de un gentil. Pedro lo dijo con sus propias palabras, ya en casa de Cornelio: «Dios me ha mostrado que a ningún hombre llame común o inmundo» (Hechos 10:28). Con amor lo decimos: si alguien entendió otra cosa, el propio texto nos aclara el sentido.
Y la confirmación llegó al instante: el Espíritu le dijo a Pedro: «He aquí, tres hombres te buscan; levántate y ve con ellos, porque yo los he enviado» (Hechos 10:19-20). Tres hombres, como tres veces el lienzo: Dios estaba hablando de enviados, no de alimentos.
Cornelio
En Cesarea, la capital administrativa romana de Judea, vivía un centurión llamado Cornelio, de la cohorte llamada italiana — una unidad auxiliar del ejército romano, formada en su origen por voluntarios de Italia, de la que hay evidencia de su servicio en la región de Siria y Palestina. La Escritura lo describe así: «piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, que hacía muchas limosnas al pueblo, y que oraba a Dios siempre» (Hechos 10:1-2).
Un ángel se le apareció y le dijo: «Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro» (Hechos 10:4-5). Antes de que Pedro entendiera la visión, Dios ya había preparado el corazón de un gentil que lo buscaba.
«Dios no hace acepción de personas»
Pedro entró en la casa de Cornelio, y ante todos declaró: «En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia» (Hechos 10:34-35). Y mientras Pedro aún hablaba, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían la palabra: los gentiles recibieron el don del Espíritu, igual que los apóstoles el día de Pentecostés (Hechos 10:44).
El evangelio cruzó la frontera. La puerta que la visión había abierto ya no se cerraría jamás: las naciones entraban en la familia de Dios. Aquel día se cumplió lo que Yeshua había anunciado: «Me seréis testigos… hasta lo último de la tierra» (Hechos 1:8).
El cuerpo también importa
Y hay algo más que Pedro dejó afirmado sin proponérselo: al resistirse tres veces a comer lo inmundo, mostró que cuidar el cuerpo es bueno. La salud no se pierde en esta historia: se confirma. Porque está escrito: «¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros…? Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo» (1 Corintios 6:19-20).
La visión abrió la puerta a las naciones. Y a nosotros nos recuerda cuidar lo que Dios nos confió: el cuerpo… y el prójimo. La visión que no era de comida cambió la historia: el evangelio salió hacia las naciones, y llegó hasta nosotros.
Este artículo acompaña al documental 9 de nuestra serie, «Hechos 10». Míralo completo y gratuito en YouTube.
▶ Ver el documental en YouTube¿Lo quieres en papel o para compartir por WhatsApp? Descarga este artículo en PDF.